LA BUHARDILLA

 
(Artículo para el Boletín del Museo Arqueológico Nacional 32/2014, pág. 357)

"TROZOS DE VIDA"

 

Esta viñeta, con algo de humor, podría bastar para plantear sin palabras algunas de las cuestiones que alberga el problema de representar de manera plástica el mundo visible.

¿Y si el mundo a representar sólo lo conocemos a partir de las huellas encontradas?

¿Podremos seguir las indicaciones de Flaubert, sobre cómo aproximarnos a la realidad: "observar a fondo hasta lo más insignificante, describir con minuciosidad hasta lo más íntimo"?

¿Qué habríamos visto si hubiéramos estado allí, si hubiéramos presenciado al menos por un instante aquellos escenarios?

Éste era el reto que tuve el placer de afrontar en la realización de las ilustraciones destinadas a llenar de luz y de forma los paneles exteriores y de interior de vitrina, de las Salas de Prehistoria, en el Museo Arqueológico Nacional.

 

Obligado era representar fielmente los objetos y herramientas que se muestran en las vitrinas, o de los que hay información veraz. Pero, cuando de lo que se trata es de generar la ilusión (como fenómeno visual) de algo vivo, presente, con una atmósfera, casi con un aroma (o un hedor) y sin menoscabo de esos datos constatados, del rigor científico, entonces el criterio de valor de la imagen, su función, no es tanto su parecido con el modelo (en muchos casos, inexistente), sino su eficacia dentro del contexto en el que interactúa. La ilustración se convierte así en escenario, en teatralidad. En una ventana abierta a otro tiempo, en una instantánea tomada "in situ", en un viaje apasionante en el que recoger trozos de vida.

 

Escenas suspendidas en el tiempo, que nos permiten observar los mínimos detalles: una boca que succiona el tuétano de un hueso; un rictus de dolor; dedos encallecidos; una sonrisa contagiosa; manos que gesticulan o reposan en medio de un ágape; sujetando el arco, el brazo extendido del guerrero, tenso, su mirada precisa, atenta, llena de potencia; los ojos cerrados del niño que duerme; la piel húmeda, impregnada de salitre, de la mariscadora.

 

Ciertamente la mirada no es inocente. Nuestra percepción transita por un complejo itinerario de filtros personales, sociales, de arquetipos universales, condicionada además por una personal configuración de la actividad neuronal, que nos conduce a una visión cromática particular, única, de la imagen que presenciamos. Pero por esta misma razón, dejando espacio al silencio, abiertos a la sorpresa, al asombro, puede que también a la memoria, recreamos de manera exclusiva la realidad representada.

 

Cada trozo de vida se nos revela como una historia personal y, a su vez, como nuestra propia Pre-Historia. Miradas y gestos generadores de ámbitos de encuentro, que interpelan, que comunican, que nos hacen vibrar. En esa extraña onda empática, casi sin darnos cuenta, comprendemos la realidad que subyace bajo el epitelio de estas pinceladas sueltas, de las trémulas líneas, de los empastes de color, que fluyen ante nuestros ojos.

 

Descubriremos entonces antiguos sonidos de mirlos sumergidos en las sombras del soto y a las oropéndolas confundidas entre los destellos amarillos de los álamos en otoño. A la chamán aprendiendo a leer formas reconocibles en las grietas y relieves de una cueva, en las nubes, salmón y púrpura, del atardecer. Absorta al contemplar la refulgente Vega, en el cénit de las noches de verano. Quizá ella también trazó líneas imposibles uniendo los astros del firmamento, tejiendo posibilidades de futuro.

 

Realidades fugaces recreadas en inmarcesibles trozos de vida.

LA BOHEMIA: ESCUELA DE ARTES PLÁSTICAS

"LA BOHEMIA" echa el cierre...

No corren buenos tiempos para la cultura y el arte.

Con tristeza, dijimos adiós a este ámbito de encuentro que resultó tan enriquecedor para los que lo compartimos.

MATIZACIONES A LA ENTREVISTA EN EL CONFIDENCIAL

 

Han pasado ya dos años desde que se publicó en el 2014 la entrevista (clic en la imagen anterior) que me hizo Peio H. Riaño, redactor jefe de la sección cultural de El Confidencial, con motivo de la inauguración de la remodelación del Museo Arqueológico Nacional (MAN) y de mi contribución a ésta con las ilustraciones para las vitrinas y paneles expositivos que configuran el itinerario por las salas de Prehistoria. Y no ha de pasar más tiempo sin que corrija o matice algunos de los comentarios que con tan poca fortuna expresé y que Riaño perfiló en su artículo.

 

Primero, una omisión imperdonable. En un párrafo se lee:

"[(...) El buen ilustrador es el dibujante que mejor lee y Arturo Asensio ya había trabajado en la recreación del pasado del Museo Arqueológico Regional de Madrid, en Alcalá de Henares, donde se encargó de dar vida al asentamiento de Carpetos, en el yacimiento de Santorcaz. Allí trabajó junto a Gonzalo Ruiz Zapatero, catedrátido en Prehistoria de la Universidad Complutense (...)]".


Quizá porque en aquel momento Gonzalo Ruiz Zapatero me pareció el vínculo idóneo entre el MAR (Museo Arqueológico Regional de Madrid) y el MAN, recién remodelado, es por lo que le cité en la entrevista. No obstante, la arqueóloga que en verdad inspiró todo lo esencial que impregna las ilustraciones que realicé para la exposición de los Carpetanos en el MAR fue la doctora Gabriela Märtens. Ella elaboró los magníficos dosieres que me sirvieron de fuente para recrear paisaje y figuras, ambientes y circunstancias, en torno a aquellos poblados de la protohistoria.

 

 

Más adelante, en otro párrafo, aparecen mis comentarios comparando las ilustraciones que he realizado para la Editorial Anaya, con las últimas realizadas para el museo:

“[(…) Recuerda también su paso por los libros escolares de Anaya. “No tenían el mismo rigor científico que en el Museo”. En aquellos libros de bachillerato le pedían cuestiones más populares, una escena de cromañones. “Es algo tan visto, que no requiere tanta exigencia”, dice.]"


Qué mal expresé lo que, por otra parte, es tan evidente. Como es natural, unas ilustraciones cuyo tamaño máximo en el mejor de los casos es una doble página de un libro de texto, no exigen del ilustrador el acabado de una ilustración destinada a un panel de dos metros de alto por cinco de ancho, por ejemplo. Y es obvio que los contenidos científicos que se plasman en una ilustración para un libro de texto responden lógicamente a las exigencias curriculares del curso al que va destinado. Pero en ningún caso con menoscabo de ese rigor científico. En su momento, ya expresé personalmente mis disculpas por tan desafortunado comentario, carente de cualquier intencionalidad, a mis amigos del departamento de Historia de la Editorial Anaya, con quienes tantos años he colaborado y cuyos dosieres han dado siempre rigor científico a mis ilustraciones.


Y por último, quisiera explicar mi comentario al hablar sobre la pintura: 

“[(…) Nos da otra clave en su magisterio: cuando pinta nunca utiliza bocetos, porque “la pintura es impulso, es inmediatez, expresión, no se puede fabricar antes y si lo haces corres el riesgo de que el boceto se quede con todo el jugo y ya no lo puedas recuperar”(…)]

 

Reducir la pintura, en cuanto arte, a palabras como impulso, inmediatez, expresión, es una mera aproximación a la verdad que apenas se vislumbra tras el velo en el que se oculta. Y el objetivo de la entrevista tampoco era el de tratar estas cuestiones teóricas.

 

Con frecuencia tengo esa sensación: que el boceto recoge más puramente el fluido que viene directamente de la fuente. Y crear un cuadro a partir del boceto puede degenerar en una copia de ese instante único y auténtico que surgió en el pasado. Por lo tanto, aunque haya un planteamiento previo al iniciar una obra, se ha de abandonar tan pronto como suponga una limitación a lo que acontece en el proceso de creación.

 

Al decir impulso, inmediatez, me refería a ese momento del ser que, al crear una obra, emerge como un evento no controlado, no mental, de manera que: obra, proceso creativo y autor, son uno mismo, dando como resultado algo revelador, más íntimo que la propia intimidad, que nos conecta, a la vez que nos proyectamos (einfühlung), con esa intuida realidad mistérica que subyace bajo la aparente realidad de los seres y las cosas (la fenomenológica).

 

 

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