"Las obras de arte son soledades infinitas y con nada son menos alcanzables que con la crítica.

Sólo el amor puede comprenderlas, celebrarlas y ser justo con ellas."

Rainer Maria Rilke ("Cartas a un joven poeta")

 

Comprendemos en un ejercicio de contemplación y de empatía, de resonancia, de vibración, de conmoción. Percibimos entonces esa otra realidad que subyace tras el epitelio de lo aparentemente real. Seres que parecen vislumbrar vínculos más íntimos que nuestra misma intimidad: allí donde es posible encontrar paz, armonía, sabiduría, consciencia plena; donde por el amor es posible fundirse en un abrazo fraterno con todo; ese "lugar" donde lo más íntimo es a la vez lo más universal.

Al contemplar, transmutamos los seres y las cosas: donde hay agua encontramos espacio infinito, en lo insignificante también soles y lunas. Ondas en el agua, campos de energía, fuerzas inexplicables. Una flor meciéndose sobre aguas cristalinas es un eco del sonido del universo. Diálogo entre lo aparente y lo transcendente. Diálogos con los pájaros, inefables seres alados, y con la hermana Naturaleza. Diálogos del alma (mariposa inmarcesible, más cerca de la luz, del color y la música que de la materia) con el hermano cuerpo (vigía del aquí y ahora). Itinerarios de diálogo con la humanidad. Seres que fluyen en el universo, porque el universo fluye en ellos.

 

Arturo Asensio alternó en sus comienzos la actividad de artista plástico con la docencia, como profesor asociado del Dpto. de Pintura-Restauración de la facultad de Bellas Artes de la U. C. de Madrid, y con la ilustración, publicando sus primeras ilustraciones en la revista de información ambiental Quercus, en 1983. Desde entonces se alternan sus colaboraciones como ilustrador con los encargos de obra pictórica, ya sea de caballete o murales:

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